In profundis
En la claridad de un lugar, se esconden las intenciones postergadas de una persona, que llora su juventud perdida. Las lágrimas sin derramar, se contienen en suspiros amargos, pero su alma no puede creer lo que ya no ha de volver a su vida. Los momentos desperdiciados, se acumulan por montones; el discurso de las excusas es tan conocido, que resulta absurdo volver a evocarlo. El cuerpo, caminando por calles pobladas de especimenes callados, se despoja de todo sudor y, sediento de recuerdos, va en busca de su memoria de sinsentidos, tal vez ahí los encuentre. Quizás no. Y es que los pensamientos se vuelven en los verdugos de tus intenciones profundas, las que dicta tu lado oscuro. De nada te valen las excusas de tu moral patética y agónica. Son los deseos que no has podido satisfacer, los que te esclavizan.
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